«No son las cosas las que perturban a las personas, sino los juicios que formamos sobre ellas».— Epicteto, Enquiridión, capítulo 5.
Tener un objetivo significa saber qué queremos conseguir. Tener un propósito tiene más que ver con entender por qué queremos conseguirlo.
La diferencia puede parecer pequeña, pero cambia la manera en que tomamos decisiones.
Un objetivo puede ser conseguir un ascenso, aumentar las ventas, terminar una carrera, perder peso o ahorrar para comprar una casa. Son metas concretas que nos permiten saber hacia dónde vamos y comprobar si estamos avanzando.
El propósito se encuentra un poco más atrás. Nos lleva a preguntarnos qué significa ese objetivo para nosotros y qué lugar ocupa dentro de la vida que queremos construir.
Dos personas pueden perseguir exactamente la misma meta por motivos completamente distintos. Una puede querer ascender porque busca reconocimiento. Otra, porque desea tener más autonomía. Una tercera, porque quiere mejorar las condiciones de su equipo. El objetivo es el mismo, pero el sentido que tiene para cada una no lo es.
La investigación sobre motivación ha estudiado las diferencias entre lo que perseguimos y las razones por las que lo hacemos. En 2000, Edward Deci y Richard Ryan, de la University of Rochester, publicaron la revisión The “What” and “Why” of Goal Pursuits: Human Needs and the Self-Determination of Behavior en Psychological Inquiry.
Desde la teoría de la autodeterminación, los autores proponen que para comprender una conducta orientada a una meta no basta con conocer el resultado que la persona busca. También importa por qué lo busca y en qué medida siente que su conducta es autónoma o está controlada por presiones internas o externas.
La teoría no divide simplemente la motivación entre “interna y buena” frente a “externa y mala”. Plantea un continuo: algunas actividades pueden comenzar por razones externas y, con el tiempo, ser asumidas e integradas porque la persona reconoce su valor.
Esto puede observarse en situaciones cotidianas. No es lo mismo estudiar únicamente para aprobar que estudiar también porque queremos comprender, desarrollar una capacidad o abrirnos nuevas posibilidades. No es lo mismo trabajar solo para cobrar a final de mes que encontrar además valor en lo que aportamos, en las relaciones que construimos o en la seguridad que ofrecemos a nuestra familia.
En la práctica, estas razones suelen mezclarse. Podemos tener objetivos que no nos entusiasman y, aun así, considerarlos necesarios. También podemos perseguir algo que nos apasiona y descubrir después que no encaja con la vida que queremos llevar.
Por eso, quizá no se trate de elegir entre objetivos y propósito.
Los objetivos nos ayudan a avanzar; el propósito puede ayudarnos a decidir hacia dónde merece la pena avanzar. También puede servirnos para revisar nuestras metas. A veces conseguimos aquello que perseguíamos y, sin embargo, no sentimos la satisfacción esperada. Otras veces no alcanzamos el objetivo, pero descubrimos que el camino tenía un valor que no habíamos previsto.
Tal vez una buena pregunta antes de fijarnos una meta no sea solamente «¿qué quiero conseguir?», sino también: ¿para qué quiero conseguirlo y qué cambiaría realmente en mi vida si lo lograra?
Qué sabemos
Deci y Ryan sostienen que para comprender la motivación no basta con observar qué objetivo persigue una persona. También es necesario considerar las razones por las que lo persigue y el grado de autonomía o control presente en esa conducta.
La teoría de la autodeterminación distingue diferentes formas de regulación de la motivación. Una actividad inicialmente motivada por factores externos puede ser interiorizada en distintos grados hasta ser reconocida como valiosa o integrada con otros aspectos de la identidad.
Los autores también sitúan la autonomía, la competencia y la relación con otras personas como necesidades psicológicas relevantes para comprender la motivación, el funcionamiento y el bienestar.
Qué no podemos concluir
El artículo no demuestra que los objetivos externos sean siempre negativos ni que actuar por interés personal sea siempre suficiente o beneficioso. Tampoco permite afirmar que todas las personas deban encontrar un propósito, que un objetivo sin propósito carezca de valor o que perseguir metas coherentes con nuestros valores garantice el bienestar. La motivación autónoma no es exactamente lo mismo que el propósito. La investigación de Deci y Ryan ayuda a comprender por qué perseguimos determinadas metas, pero no ofrece una definición completa y universal de propósito.
La distinción entre objetivo y propósito que presenta EBdS es una síntesis razonada apoyada en diferentes marcos teóricos, no una clasificación científica única aceptada sin discusión.
