«Ningún viento es favorable para quien no sabe a qué puerto se dirige». — Séneca, Cartas a Lucilio, carta 71.

No todo el mundo tiene claro cuál es su propósito. Y eso no significa necesariamente que esté perdido, que le falte ambición o que haya algo que deba corregir en su vida.

Hay personas que saben desde muy jóvenes qué quieren hacer. Otras van tomando decisiones según las circunstancias. Algunas encuentran una dirección clara después de una experiencia importante; otras cambian de rumbo varias veces. También hay quienes nunca utilizan la palabra propósito y, sin embargo, viven de acuerdo con unas prioridades bastante definidas.

Por eso conviene distinguir entre no tener un propósito claramente formulado y vivir sin ninguna dirección, interés o vínculo con lo que hacemos. No son exactamente lo mismo.

Sentir sentido y buscarlo

La investigación psicológica ha estudiado esta cuestión desde diferentes perspectivas. Una de ellas es la del sentido de la vida.

En 2006, Michael F. Steger, Patricia Frazier, Shigehiro Oishi y Matthew Kaler publicaron The Meaning in Life Questionnaire: Assessing the Presence of and Search for Meaning in Life en Journal of Counseling Psychology.

El trabajo presenta un cuestionario que distingue entre dos dimensiones:

Presencia de sentido: la percepción de que nuestra vida tiene significado.

Búsqueda de sentido: el proceso activo de intentar encontrarlo o comprenderlo mejor.

Esta distinción resulta importante porque estar buscando sentido y sentir que la vida ya lo tiene son experiencias diferentes. Una persona puede encontrarse en proceso de búsqueda sin que eso permita concluir, por sí solo, que su vida esté vacía o carezca completamente de sentido.

Podemos sentir que nuestra vida tiene sentido porque cuidamos de nuestra familia, disfrutamos de nuestro trabajo, mantenemos relaciones importantes, aprendemos, ayudamos a otras personas o valoramos la vida que estamos construyendo.

También podemos atravesar etapas en las que esas referencias cambian y necesitamos volver a preguntarnos qué queremos conservar, qué queremos dejar atrás y hacia dónde dirigirnos.

Cuando la vida avanza por inercia

El problema quizá no sea no tener una gran misión. El problema puede aparecer cuando dejamos de preguntarnos si la vida que estamos llevando tiene alguna relación con lo que realmente valoramos.

Esto puede ocurrir incluso cuando, desde fuera, todo parece estar en orden. Podemos tener trabajo, responsabilidades, objetivos y una agenda llena, pero sentir que todo ello se mueve por inercia.

También puede suceder lo contrario: una vida aparentemente sencilla puede estar profundamente conectada con lo que una persona considera importante.

Por eso, quizá no necesitemos encontrar un propósito definitivo. Tal vez sea suficiente con revisar de vez en cuando nuestras decisiones y preguntarnos si estamos dedicando tiempo y energía a aquello que merece la pena para nosotros.

No se trata de convertir cada decisión en un análisis existencial. Tampoco de pensar que toda actividad debe tener una utilidad elevada. Descansar, disfrutar, conversar o no hacer nada también pueden formar parte de una vida con sentido.

El propósito no tiene por qué estar presente en cada momento. Puede funcionar como una orientación general que nos ayuda a elegir cuando aparecen varias posibilidades y que, además, puede cambiar con el tiempo.

Qué no podemos concluir

Esta investigación no demuestra que buscar sentido sea necesariamente positivo o negativo.

Tampoco demuestra que tener propósito y experimentar sentido sean exactamente lo mismo. Son conceptos relacionados, pero no intercambiables.

El artículo no permite afirmar que todas las personas necesiten formular un propósito ni que encontrarlo garantice bienestar, felicidad o una vida satisfactoria.

Qué sabemos

Steger y sus colaboradores desarrollaron el Meaning in Life Questionnaire, un instrumento de 10 ítems que distingue entre dos dimensiones: la percepción de que la vida tiene sentido y la búsqueda activa de ese sentido. Esta distinción permite estudiar ambas experiencias por separado. Sentir que la vida tiene sentido y estar intentando encontrarlo son fenómenos relacionados, pero no equivalentes.

Qué no podemos concluir

Esta investigación no demuestra que buscar sentido sea necesariamente positivo o negativo.

Tampoco demuestra que tener propósito y experimentar sentido sean exactamente lo mismo. Son conceptos relacionados, pero no intercambiables.

El artículo no permite afirmar que todas las personas necesiten formular un propósito ni que encontrarlo garantice bienestar, felicidad o una vida satisfactoria.

Interpretaciones posibles

Una posibilidad es entender el propósito como una orientación, no necesariamente como una gran misión o como una respuesta definitiva.

Otra perspectiva consiste en pensar que una vida puede resultar significativa por sus vínculos, actividades, responsabilidades y valores, aunque la persona nunca formule explícitamente cuál es su propósito.

Estas son interpretaciones abiertas a partir del tema tratado; no son conclusiones demostradas por el estudio.